Anglicismos en comunicación financiera… ¿sí o no?

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Pablo Abadía
Ejecutivo de cuentas en la división de Comunicación Financiera de evercom
anglicismos en comunicación financiera

“¿Soy guay por chapurrear estos neologismos acuñados a través del contagio o verdaderamente estoy haciendo el ridículo?”

Me preguntaba mi madre el otro día con qué tarea me entretenía, le respondí que estaba con un briefing de un off the record que tendríamos aprovechando una key date y el lanzamiento del último search fund de nuestro cliente. Su cara de horror me hizo pensar: ¿soy guay por chapurrear estos neologismos acuñados a través del contagio o verdaderamente estoy haciendo el ridículo?

En el sector de la comunicación el uso de anglicismos está más que arraigado, y concretamente en el mundo financiero a veces olvidamos cómo usar nuestra lengua para describir ciertas realidades, productos o figuras. Podemos pensar que este lenguaje nos da un aire de profesionalismo y una especie de internacionalización de nuestro trabajo, pero lo cierto es que no todo es color de pink, ya que se plantean algunos interrogantes a la hora de ver su verdadera utilidad.

“Los lectores requieren un grado de especialización muy alto para poder aprender todos y cada uno de los términos.”

Los problemas provocados por este continuo trasvase de términos anglosajones y castellanos se extienden a todos los actores (me niego a decir players) del mundo financiero: algunos inversores pueden malinterpretar ciertas recomendaciones y tomar decisiones de inversión erróneas. Nosotros mismos podemos caer en fallos a la hora de comunicar, hundiéndonos en un mar de bonds, Investment grades y stakeholders.

Además, los lectores requieren un grado de especialización muy alto para poder aprender todos y cada uno de los términos. Eso, a la hora de captar inversión, también pasa factura a las entidades.

También ocurre al revés: hace poco una entidad decía haber ganado 20 billones en el último ejercicio. ¡20 billones! Unas 15 veces el PIB de España… una cifra histórica si no fuera porque se había confundido el término anglosajón billion (miles de millones) y el castellano billón (millón de millones).

A pesar de todo, hay que reconocer que en el contexto de globalización en el que vivimos, ciertos anglicismos son inevitables y hasta necesarios, de tan establecidos que están: está claro que debemos hacer un benchmark con los principales competidores. Es más, es obligatorio conseguir estos KPIs para cumplir objetivos. Incluso ESG son las siglas de términos en inglés. Su uso proporciona una manera concisa de comunicar conceptos complejos en un mercado global.

dudas ante los anglicismos

Entonces… ¿anglicismos sí o anglicismos no?

La clave es encontrar un equilibrio entre claridad e inclusión: debemos hacer llegar el mensaje de manera técnica y rigurosa, y a la vez simple y concreta. También debemos ver qué queremos transmitir, cómo transmitirlo y quién nos va a leer, adaptando el lenguaje según el nivel de conocimiento y necesidades del lector. Y precisamente ese es uno de nuestros mayores retos, conseguir adaptarnos a distintos perfiles de conocimiento, preservando los tecnicismos y simplificando el mensaje para su total comprensión.

Como decía, esta situación no es exclusiva del sector financiero y se extiende en todo el sector de la comunicación: nadie te avisa y ya tienes a los compañeros de digital hablándote de campañas paid, un brainstorming con Creatividad y a los de Corporativo diciendo que lo que necesitas es un branded content.

personas conversando

En definitiva, anglicismos sí (no queda más remedio) pero atendiendo a la precisión y a la búsqueda de una comunicación efectiva, al final todo se trata de eso. Generar confianza o transmitir un mensaje con más cuerpo no depende exclusivamente de tecnicismos ni palabras en inglés, aunque está claro que aportan un conocimiento del sector más global. Podríamos hablar largo y tendido sobre este tema, pero tengo una call ahora.

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