A la hora de lanzar un nuevo producto financiero, un fondo o incluso una gestora el nombre que se elija puede influir mucho sobre el éxito futuro. En un sector con tanta competencia, es clave explotar cualquier factor que pueda ser diferencial. Inspirar confianza, demostrar solidez y motivar a los inversores a elegir ese producto sobre otros son algunos de los objetivos que puede ayudar a cumplir un nombre bien elegido. En este post exploramos como se componen habitualmente los nombres de fondos.
La mayoría de ejemplos existentes en el mercado incorporan alguno de los siguientes conceptos en su nombre:
- Nombre del gestor o figura de referencia: Este recurso se utiliza en los casos que el gestor es famoso por su estilo o por sus éxitos y generará atracción a causa de su marca personal. Algunos ejemplos son el fondo Deutsche Concept Kaldemorgen, los fondos DJE del Doctor Jens Ehrhardt o los de la gestora Carmignac, nombrados al igual que la empresa por el apellido de su fundador.
- Palabras en idiomas clásicos (latín, griego): Las palabras en idiomas clásicos son eufónicas, suenan bien, se entienden en todos los idiomas occidentales y aportan el prestigio de lo clásico. En el caso de los fondos, dan valor de garantía y seriedad de las compañías que los comercializan. Algunos ejemplos son Belgravia Epsilon, EdenTree Amity (traducción al inglés de un concepto del latín, amistad entre los pueblos) o March Vini Catena.
- Algún sustantivo procedente del reino animal, vegetal o mineral: Suelen ser preferidos animales depredadores que den idea de fortaleza, piedras que den idea de lujo o de solvencia y nombres de plantas o árboles para mostrar solidez. Algunos ejemplos son Belgravia Lynx o BlackRock.
- Referencias geográficas o arquitectónicas: Como una ciudad o pueblo, río, montaña, castillo o puente. Algunos ejemplos de esto son Cobas Selección, Abante Pangea, Okavango Delta A FI, Mutuafondos Polar o Fidentiis Tordesillas.
- Conceptos relacionados con deportes o profesiones: suelen ser muy comunes las referencias a actividades históricamente masculinas, ya que el sector financiero ha sido tradicionalmente un “club de caballeros”. Ejemplo: Sextant Grand Large de Amiral Gestión, la gestora Magallanes o la gestora Vanguard, nombrada en honor a una embarcación del siglo XVIII.
- Personajes literarios, históricos o mitológicos: Son nombres evocadores y que generan identificación o despiertan nostalgia en los clientes. Ejemplos: Renta 4 Pegasus, Belgravia Balboa FI o la gestora Troy con su gama de fondos Trojan.
Es muy común que el nombre del fondo sea descriptivo e incluya, por ejemplo, la región en la que invierte, el tipo de activo y las características. Muchas veces las entidades agregan siglas al final del nombre de sus fondos. Para evitar generar confusión solo deberían agregarse si su uso aporta información relevante. Siempre que sea posible simplificar, mejor. También, suelen incluirse conceptos que generen optimismo y refuercen la filosofía del fondo, como opportunities, discoveries, select, growth, challenge o focus. Esto en ocasiones da como resultado nombres muy largos, pero los inversores ya están acostumbrados a este tipo de combinación de palabras. De hecho, es por este motivo que sería recomendable una extensión de al menos 3 o 4 palabras y no más de 6 o 7.
Lo más importante a tener en cuenta es intentar buscar nombres originales pero sencillos. De ser posible, deberían incorporar conceptos que puedan ser atractivos para un gran número de inversores. Es fundamental consultar la regulación que impone el ente supervisor del país donde se registre el fondo, ya que en algunos existen normas respecto a cómo se puede comercializar e incluso nombrar un producto. Es preferible además evitar nombres que puedan generar confusión, por ejemplo, porque se los asocia en una primera aproximación con otro rubro o con empresas ya existentes.
Por Candela Farroni, ejecutiva de cuentas de la División de Comunicación Financiera.




