«Me parece que lo mejor es ignorar todo lo que la prensa dice de ti, porque o bien puede hincharte de vanidad o bien te puedes sentir herido innecesariamente.» Obviamente esta frase únicamente la puede pronunciar el cantante de una banda que ha conseguido colocar 32 de sus más de 90 sencillos en los top 10 de Reino Unido y de los Estados Unidos y que ha vendido aproximadamente 240 millones de discos alrededor del mundo. Y obviamente, trasladado esto al punto de vista empresarial, no tiene sentido alguno si excluimos al gigante de la manzana mordida. Probablemente hoy en día únicamente Steve Jobs podría pronunciar una frase como esta. Las ventas de Apple continuarían aumentando año tras año y todos seguiríamos asociando “tablet” a “IPAD”. Es curioso. La primera tablet que salió al mercado lo hizo en 1989 (GRiDPad 2050) (1) pero en la mente de todos los consumidores el gran inventor de este “nuevo ordenador” parece que fue el gigante americano.
A excepción de Mick Jagger y de Steve Jobs, el resto de los mortales necesitamos a los medios de comunicación para triunfar, para vender, para que “en la calle” se tenga una percepción de nosotros. Es aquí, cuando se presenta la necesidad de que se lea, escuche o se vea algo sobre nosotros, cuando en ocasiones se descuida lo más importante dentro del complejo proceso que es la comunicación: el mensaje.
Según el diccionario de la lengua española de la Real Academia Española, la primera definición de la palabra “mensaje” es la siguiente: “recado que envía alguien a otra persona” (2). Según esta misma institución, “comunicar” es “descubrir, manifestar o hacer saber algo a alguien” (3). Un verbo y un complemento directo que se convierten en la base de la columna del proceso que hay que seguir para llegar a tan ansiado complemento indirecto: el consumidor, el público, el usuario…la facturación.
El político alemán y gran “europeísta” Konrad Adenauer (1876 – 1967) (4) afirmaba sensatamente que “cuando alguien habla demasiado sus palabras suenan sin oírse”. Probablemente uno de los problemas básicos a los que se enfrenta una empresa que quiere hacerse un hueco entre la ingente cantidad de información que aglutinan los medios y las redes sea ese: hablar demasiado. Queremos decirlo todo, y queremos decirlo de golpe, de una sola vez. Obviamente, esto se da de bruces con nuestro objetivo principal: que nos recuerden, que hablen de nosotros…y, lo más importante, que se haga de una manera clara, concisa. Para ello, antes de enfrentarnos ante un medio de comunicación, debemos definir con precisión la clave, aquello que nos va a hacer diferentes, aquello que nos va a posicionar y, lo más importante, aquello que nos va a hacer “vender”: el mensaje.
Sí, el mensaje es la llave. La llave del exterior. Una llave perfectamente tallada debe de estar cargada de contenido, pero de un contenido que transmita algo a nuestro público. Tenemos que vender y para ello nuestro mensaje debe de transmitir algo que el público quiera oír…y algo que el público necesite oír. Seis, tan solo seis, son las palabras que si sabemos transmitir de forma correcta harán que seamos reconocidos porque habremos logrado crear esa necesidad en el exterior. Sí, estas seis palabras son las que forman el acrónimo SABONE reconocido ya dentro de todos los departamentos de marketing de cualquier empresa que vende un producto: Seguridad, el público no necesita temores, ni preocupaciones, necesita garantías, eficacia. Afecto, porque en una sociedad en la que el YO ha pasado a situarse muy por encima del TÚ, todo el mundo necesita sentirse escuchado, comprendido, cuidado. Bienestar, porque pasamos tres cuartas partes de nuestra vida estresados, preocupados, con la mente dando vueltas a qué decisión es la correcta y la necesidad de confort, comodidad, salud, ahorro de tiempo, etc. es la más ansiada por cualquier persona. Orgullo, porque cada vez más nos queremos más a nosotros mismos y lograr un estatus y un reconocimiento social es el deseo de cada vez más personas. Novedad, la moda, ser el primero, ser vanguardista y, en definitiva, la necesidad de “estar a la última”. Economía, ni que decir tiene que ganar dinero, obtener beneficios de algo, ahorrar, etc. es, sobre todo hoy en día, una necesidad primordial.
En cada una de estas palabras el consumidor ve un motivo de compra. Por tanto, si nuestro mensaje transmite y crea estas necesidades, estaremos muy cerca de abrir todas esas ansiadas puertas: la de los medios de comunicación necesitados de novedades e innovaciones, la de las nuevas redes sociales en las que todos los usuarios exponen hasta los detalles más íntimos de su vida, y la de un público necesitado de sueños 365 días al año. Un buen mensaje es la llave que abre la difícil puerta de ocupar un lugar en los medios de comunicación; si logramos construirlo la traspasaremos y ocuparemos sus espacios informativos y saldremos al exterior, conseguiremos que nos vean, que nos lean, que nos escuchen.
Porque, sentimos contradecirte querido Mick pero… es imposible ignorar lo que la prensa dice de nosotros porque para ellos, para todo nuestro público, la prensa es el espejo en el que nos reflejamos y siempre tiene la razón. Y sí amigo, (ojalá pudiesemos llamarte amigo), si queremos vender, si queremos ganar… tenemos que ESTAR.