Facebook contra Mordor

El jueves 4 de febrero, tras el golpe de estado militar al Gobierno de Myanmar, Facebook dejó de funcionar en el país. El ejército, poco después de perpetrar su plan, ordenó el bloqueo de su red social más importante. Fue una de las primeras medidas de la junta de gobierno militar tras la detención de los líderes políticos que habían ganado las pasadas elecciones. Apenas unos días antes, Facebook había declarado lo que denomina en nomenclatura interna “Temporary High-Risk Location”, es decir, durante un determinado plazo de tiempo, la red se habilita a sí misma para eliminar todas aquellas cuentas o contenidos que considera que pueden incitar a la violencia, o contribuyen a la difusión de desinformación. La misma declaración preventiva fue utilizada por la plataforma social tras el asalto al Capitolio en Estados Unidos el pasado 6 de enero (fuente: buzzfeednews).

Tras el golpe de estado en la antigua Birmania, la red se convirtió en una de las principales plataformas de movilización social contra la acción militar. A través de Facebook –que tiene 22 millones de usuarios en el país– se fueron creando los primeros grupos desde las que tomaba cuerpo la iniciativa social de oposición al golpe. Los demócratas de medio mundo hubieran pulsado con entusiasmo el “like” de cualquiera de los foros emergentes que se iban creando en defensa de la democracia y la libertad.

Facebook para lo bueno y Facebook para lo malo. En este mismo país, Zuckerberg quiso disculparse en 2018 por no haber evitado la difusión de mensajes de odio en lo que la ONU denominó “intento de genocidio” contra la minoría musulmana de los rohingyas. Y sólo unos años más atrás, Birmania fue uno de los países que acabó prohibiendo la aplicación Free Basics con la que Facebook intentó convertirse en la puerta de acceso a internet para los países en vías de desarrollo.

A veces, ese perfil opaco de Facebook nos recuerda al mundo de El Señor de los Anillos, con Saurón, ese Señor Oscuro a quien nos imaginamos en lo alto de la montaña negra de Mordor guardando el código secreto del algoritmo, el anillo de todos los males de nuestra sociedad digital. Al algoritmo se le hace responsable de los filtros burbuja de la internet personalizada que comenzó a denunciar Eli Pariser a comienzos de la década pasada; de la mercantilización de los datos y las experiencias personales en esta era del capitalismo de la vigilancia que ha dibujado Shoshana Zuboff, tan valido para Facebook como para Google; de la polarización furiosa de grupos y comunidades que se hacen fuertes en sus guetos de teorías conspirativas y  acaban en asaltos a los parlamentos; de la desinformación y las fake news convertidos en gran amenaza a la democracia; del enorme poder de la primera red social del mundo donde cada día se conectan 2.750 millones de personas.

Pero Facebook también ha hecho que Gandalf, otro personaje de El Señor de los Anillos, y muchas causas han podido crear su propia Comunidad del Anillo gracias a la red social. Lo hizo posible durante apenas unos pocos días de febrero en Myanmar y lo ha hecho en otras muchas ocasiones: en tantas iniciativas de activismo social y político, en movilizaciones sociales en favor de causas justas, en la acción de gobiernos y ONGs ante crisis humanitarias, en programas de sensibilización ciudadana para hacer frente a situaciones de crisis, etc.

Facebook, al igual que Google, han llegado al final de un camino. El actual modelo de mercado que configuran las grandes plataformas digitales comenzará a cambiar con el inicio de la década. El cerco regulatorio y reputacional es cada vez más estrecho y día a día se va tensando desde los tres grandes frentes críticos que acechan a los dos gigantes tecnológicos: la situación de monopolio, la gestión de los datos personales y la desinformación. Aquel sueño de un futuro digital que empoderaría a los individuos se ha ido convirtiendo en la pesadilla de un mundo controlado por la Comunidad del Algoritmo.

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